Crisis del barrenador: paradojas y oportunidades
Veinte meses de frontera cerrada a la exportación de ganado en pie a Estados Unidos. La plaga de gusano barrenador afecta ya 26 entidades federativas y, sin permiso de Trump ni la secretaria Rollins, ahora también afecta a Texas y Nuevo México. Primera paradoja. La crisis: en este periodo se han dejado de exportar aproximadamente un millón 830 mil cabezas de ganado, según el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.
Considerando que cada becerro destinado a exportación genera aproximadamente mil 200 dólares, frente a los 900 dólares que paga el mercado nacional, el costo de oportunidad para los productores mexicanos ronda los 551 millones de dólares. Los perjudicados por el cierre de la exportación de becerros no son sólo los grandes ganaderos y acopiadores: según el Censo Agropecuario 2022, de los 4.63 millones de unidades de producción rural del país, un millón son productoras de bovinos y 77 por ciento de ellas tienen menos de 20 hectáreas de terrenos ganaderos, son unidades productoras de ganadería social y, sobre todo en el norte del país, producen becerros para la exportación.
Esta situación ha mermado sus ingresos cuando menos 25 por ciento y sus hatos se reducen por la sequía. Podría pensarse que, al dejarse de exportar casi 2 millones de cabezas, y al bajar el precio internacional de los forrajes habría una gran oferta de carne de res barata en el mercado nacional, para beneficio de los consumidores, cada vez más numerosos. Pero el precio al menudeo de la carne bovina no ha bajado. ¿Por qué? Por una razón fundamental: porque aun siendo muchos los productores de ganado, un puñado de empresas engordadoras y empacadoras controlan el mercado nacional, de manera oligopólica: SuKarne, a la cabeza, Grupo Gusi, Revuelta, Praderas Huastecas, Carnes Viva, principalmente.
Ante ello, el Estado debe contar con mecanismos efectivos para ordenar el mercado en beneficio de las mayorías. No es así. Otro factor que perjudica a productores y engordadores sin beneficiar a los consumidores es la creciente importación de pulpas de bovino de Brasil, de baja calidad, inyectadas con químicos y a bajo costo, al punto que han hecho disminuir hasta 30 por ciento las ventas de reses nacionales y bajar el precio de compra a los productores, pero no de venta a los consumidores.
En 2025, Sudamérica, sobre todo Brasil, se convirtió en el principal proveedor de carne de bovino a México con 117 mil toneladas. Nuevo e importante dato: la mejora del poder adquisitivo de los hogares desde 2019 (aumentos salariales, programas sociales, etcétera) ha disparado el consumo per cápita de carne en el país hasta llegar a 77 kilogramos por persona: 39 de pollo, 21 de cerdo, 17 de res. Ahora consumimos tanto maíz como cárnicos. Es indudable que los gobiernos de la 4T han contribuido a incrementar nuestra ingesta de proteínas.
Pero, ¿producimos la carne que consumimos? Importamos poco más de la mitad de la carne de cerdo que consumimos y entre 18 y 20 por ciento de la carne de pollo. En carne de bovino habíamos producido 100 por ciento del consumo nacional hasta 2024. Sin embargo, el incremento de la demanda interna y la fortaleza del peso hicieron que en 2025 resultáramos deficitarios por primera vez en este rubro, pues, aunque exportamos 291 mil 263 toneladas, 6.3 por ciento más que en 2025, importamos 317 mil 15 toneladas, 21.8 por ciento más que el año anterior, según datos del GCMA.
Podemos ser totalmente autosuficientes en carne de bovino si incrementamos nuestra producción al ritmo del consumo y hay una adecuada política de comercio exterior, pero aquí hay otra paradoja: no contamos con el alimento básico para las reses. Tenemos que importar mayormente de Estados Unidos el principal forraje para la engorda y producción de leche: el maíz amarillo. En 2025 importamos más de 24 millones de toneladas de la gramínea, en buena parte genéticamente modificada.
Nuestros corrales de engorda se han convertido en una peculiar maquiladora donde nosotros ponemos los animales y el trabajo y recibimos de Estados Unidos el principal alimento para engordarlos. En esta situación de crisis y paradojas para la ganadería bovina nacional también hay oportunidades, pero para aprovecharlas se hace necesaria una política pública, productiva, alimentaria y comercial conducida por el gobierno con la participación de productores, y además programas federales de apoyo, ahora casi inexistentes.
Ante el cierre de la frontera para la exportación de becerros, el norte del país puede convertirse en el gran proveedor de carne para el mercado nacional. Para ello hay que apoyar sobre todo a la ganadería social con financiamiento, infraestructura de acopio y engorda y construcción de rastros TIF y empacadoras.
Es muy necesario promover la producción nacional de maíz amarillo para cerrar el círculo y mientras sea necesario importarlo, ver cómo se le saca la vuelta a las trasnacionales que acaparan su venta, coordinar las políticas nacionales alimentarias y de fomento productivo sin subordinarlas a las de comercio exterior. Ya no sólo somos mujeres y hombres de maíz, ahora también mujeres y hombres de carne, es la buena noticia. Necesitamos políticas públicas que finquen este proceso en la soberanía
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