Reflexiona docente el mal comportamiento de compañeros maestros al acudir a vacunarse
Un maestro de Piedras Negras que acudió la semana pasada a recibir la vacuna, junto a todos sus compañeros docentes de esta región, hizo pública una reflexión de la forma en que casi todos los maestros se comportaron durante el proceso.
De forma consciente, cuestionó el actuar de muchos de los docentes, indicando que no siguieron los protocolos establecidos y que, si ellos no logran seguir simples reglas ¿cómo lograran que lo hagan los niños una vez que se registre el regreso a clases presenciales?
A continuación, le presentamos la publicación completa:
Llegas temprano, no hay tal cosa como sana distancia, los maestros haciendo grupitos al verse y sin separarse al subir al camión (¿de que sirvieron todos los cuidados y diligencias personales?), he decir que nuestro grupo, en lo posible, procuró esa distancia, pero al final te ves obligado a ir en el montón cuando subes al camión. Los que dirigen el acceso a los transportes, gritando, haciéndose los simpáticos, más que tomarse en serio las cosas.
Hablando de camiones, a nosotros nos tocó uno sin separaciones (la única protección, fue gel antibacterial al ingreso del mismo), el caso es que iban de dos en dos, pegados (decido irme hasta el fondo, pero de poco o nada sirvió), todo el camino muchos era hablar y hablar, me tocó ver una representante, bajarse el cubre bocas e ir comiendo, hecho que estaba prohibido, a mi lado un tipo que se subió tosiendo y al que estuve a nada de recriminárselo, pero ya no quieres más que llegar, ser vacunado e irte.
Al llegar al cuartel, las cosas se tomaron con seriedad, pero mientras eso sucedía, estuvimos esperando en los camiones, con ventanas cerradas, y como he dicho, algunos sin parar de hablar o incluso gritar. Después de la vacunación, lo más destacable porque el cuerpo militar ofreció un servicio de primer nivel, de principio a fin.
A la pregunta del epidemiólogo de si alguien tenía alguna duda después de haber sido vacunado, una maestra grita que si ya podían comer. Risas ensordecedoras y el epidemiólogo, muy serio y sintiéndose en aprietos: por eso se les pidió que vinieran almorzados. Muy importante, a seguirse cuidando y por favor lleven este mensaje a los demás.
De regreso al camión, un nuevo grupo de docentes sube uniéndose al nuestro, gritando, hablando como si ya todo estuviese resuelto (según escuché, era un grupo de maestros de educación física), una señora de un promedio de 50 años, lideraba esto, gritando a unos y a otros a distancia, plan haciéndose la cómica, más risas de la mayoría; permiten la entrada de otros y que vayan de pie, algo que dé inicio por obvias razones, estaba prohibido, de regreso todos van hablando y gritando, pasando por la cafetería, otros tantos ya sin cubrebocas, comiendo sin sana distancia. Un regreso de 10 minutos que se volvió, para algunos otros, los que no participábamos de esa fiesta, insoportable.
Esta experiencia se volvió decepcionante, si fuese padre de familia, pensaría más de dos veces el retorno a clases presenciales, si muchos de esos maestros no se toman en serio este contexto aún grave, ¿cómo lograrán que los alumnos, los niños, respeten lo que ellos no?
Es muy triste pensar que tal vez más de alguno se podría haber contagiado por todos estos descuidos (los mismos hechos hablaban, descuidos exclusivos de los docentes y algunos dirigentes) justo cuando -increíblemente- iba a vacunarse contra ello.
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