La "Nueva Historia" de Jacobo Rodríguez ya no puede seguir presentándose solo como una narrativa de cambio; debe hacerlo como un gobierno capaz de rendir cuentas
La llamada Nueva Historia del alcalde de Piedras Negras, Jacobo Rodríguez, ya no puede seguir presentándose solamente como una narrativa de cambio. Tiene que demostrar que es un gobierno capaz de rendir cuentas.
La ciudadanía debe entender algo fundamental: la demagogia no siempre opera con mentiras abiertas. A veces selecciona verdades convenientes. A veces presume una obra para no hablar de una cuenta rechazada. A veces exhibe una encuesta para evitar explicar un contrato. A veces convierte una pregunta legítima en una agresión personal. A veces acusa a sus críticos de querer dañar a la ciudad, cuando en realidad solo están pidiendo cuentas.
Ese es el mecanismo más peligroso del poder cuando se personaliza: hacerle creer al pueblo que fiscalizar al gobernante equivale a atacar al municipio. Y no es así.
Pedir transparencia no es estar contra Piedras Negras. Preguntar por SIMAS no es desear que falle el agua. Cuestionar estados financieros no es sabotear al gobierno. Revisar licitaciones no es golpear políticamente al alcalde. Exigir respeto al Cabildo no es defender intereses oscuros. Una ciudad que deja de preguntar empieza a perder su libertad pública.
Criticar al alcalde no es atacar a Piedras Negras.
Fiscalizar al gobierno no es traicionar al municipio.
Cuestionar decisiones públicas no es querer que le vaya mal a la ciudad.
La ciudad está por encima de cualquier presidente municipal. Las instituciones están por encima de cualquier discurso. El dinero público está por encima de cualquier narrativa. Y la ciudadanía está por encima de cualquier proyecto personal.
Por eso, la pregunta que debe hacerse Piedras Negras en esta segunda mitad de gobierno no es si Jacobo Rodríguez comunica bien. Eso ya lo sabemos: comunica mucho, comunica todos los días, comunica con fuerza, comunica con estrategia.
La pregunta es otra: ¿gobierna con la misma fuerza con la que habla?
Porque hablar de austeridad no basta si no se transparenta el gasto.
Hablar de honestidad no basta si las cuentas no convencen al Cabildo.
Hablar de pueblo no basta si se descalifica a quienes preguntan.
Hablar de transformación no basta si las instituciones se subordinan a una sola persona.
Hablar de Nueva Historia no basta si se repiten viejas prácticas de confrontación, opacidad y culto al poder.
La demagogia necesita aplausos. El servicio público necesita controles.
La demagogia busca lealtad personal. El servicio público acepta revisión institucional.
La demagogia habla del pueblo en abstracto. El servicio público entrega documentos concretos.
La demagogia se ofende ante la pregunta. El servicio público responde con datos. Ahí está la diferencia.
Piedras Negras no debe caer en la trampa de escoger entre estar con el alcalde o estar contra la ciudad. Esa es una falsa disyuntiva. La ciudadanía puede reconocer avances y, al mismo tiempo, exigir cuentas. Puede admitir obras y, al mismo tiempo, pedir contratos. Puede valorar programas y, al mismo tiempo, cuestionar decisiones. Puede escuchar al alcalde y, al mismo tiempo, no creerle todo.
La transparencia no se presume, se practica. La rendición de cuentas no se anuncia, se entrega. La democracia no se invoca, se respeta. Y el poder no se honra atacando a quien pregunta, sino respondiendo con pruebas.
La Nueva Historia se encuentra hoy frente a su expediente. Y el expediente, tarde o temprano, habla más fuerte que cualquier mañanera.
El tiempo de los aplausos fáciles se está agotando. Ahora viene el tiempo de las pruebas. Piedras Negras merece saber si está frente a un gobierno verdaderamente transformador o frente a una administración que aprendió a vestir de cambio las mismas prácticas que decía combatir.
Porque cuando un gobernante necesita demasiada propaganda para explicar su honestidad, demasiados ataques para defender sus cuentas y demasiados enemigos para justificar sus errores, la ciudadanía tiene el deber de mirar con más cuidado.
No se trata de odiar al alcalde.
No se trata de negarle avances.
No se trata de apostar al fracaso de Piedras Negras.
Se trata de algo mucho más simple y mucho más importante: que quien gobierna con dinero público rinda cuentas públicas. La ciudad no necesita un líder que exija fe. Necesita un gobierno que entregue pruebas.
Y si la Nueva Historia quiere sobrevivir al juicio ciudadano, tendrá que entenderlo pronto: en democracia, el poder no se defiende con micrófono. Se defiende con verdad, documentos y resultados.
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