Fiscalía de la CDMX pide siete meses más para identificar los casi 1,600 hallazgos de Tláhuac y Chalco
Tres meses después del mayor hallazgo de restos humanos registrado durante la administración de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX) sólo ha logrado establecer de manera preliminar que parte de los casi mil 600 hallazgos recuperados en Tláhuac y Chalco corresponden a un hombre, una mujer y dos menores de edad. Ninguno ha sido identificado.
El viernes 10 de julio, familias buscadoras se reunieron con las autoridades para escuchar los primeros avances. El resultado, dijeron, es inconcluso y encima la Fiscalía encabezada por Bertha Alcalde estima que requerirá alrededor de siete meses más para completar los análisis.
Los hallazgos fueron localizados durante las jornadas de búsqueda realizadas entre el 7 y el 17 de abril en una intervención que comenzó a partir de un análisis de contexto derivado de la desaparición de los hermanos Brandon Guillermo y Luis Daniel Nicolás Ramírez, ocurrida el 1 de diciembre de 2023 en la colonia Desarrollo Urbano Quetzalcóatl, en la alcaldía Iztapalapa.
Dicha investigación llevó a las familias buscadoras y a la FGJCDMX a identificar ese polígono como un punto de interés.
Para Jaqueline Palmeros, madre buscadora que participó en las labores de campo, la información que les presentaron las autoridades no respondió a las principales interrogantes de las familias: Como lo hemos ya recalcado muchas veces, la Fiscalía no cuenta con los elementos suficientes para poder hacer todo el procesamiento de identificación que necesitamos.
Ella conoce de primera mano los procesos de búsqueda e identificación. Su hija, Yael Montserrat Uribe Palmeros, desapareció en julio de 2020; cuatro años después encontró parte de sus restos en el Ajusco, ubicado en la alcaldía Tlalpan.
Desde entonces continúa la búsqueda para localizar la totalidad de sus restos y exigir justicia por su feminicidio, mientras acompaña jornadas de búsqueda en una capital mexicana que acumula 6 mil 97 personas desaparecidas y no localizadas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
La presentación de hoy fue parcial, sin cuidar los aspectos revictimizantes; los procesos que se nos explicaron, lamentablemente, están inconclusos, se habían tomado muestras de agua, de tierra, no se incluyeron en esta exposición que nos hicieron, relató al salir del encuentro, frente a las instalaciones del Centro de Atención Integral para la Búsqueda de Personas (CAIBP).
Explicó que para identificar los restos encontrados todavía deberán completarse los estudios antropológicos, odontológicos y genéticos: Dicen que les van a llevar siete meses tener ya algo más completo, pero que tenía la necesidad de mostrarnos esto, puesto que ya se vienen otra vez las búsquedas.
Frente al retraso en el procesamiento, insistió en que la principal demanda sigue siendo ampliar el personal especializado encargado de analizar los hallazgos: Necesitamos más antropólogos, más odontólogos, gente que refuerce lo que ya hay.
También detalló que la reunión incluyó la explicación de que las autoridades retomarán las jornadas de búsquedas generalizadas y por patrones en la zona, aunque afirmó: Se habló de un análisis de contexto de la zona y no lo hay todavía. Es necesario para las familias saber cómo están desapareciendo las personas de ese lado de la ciudad, y pues no, no tuvimos nada de eso.
Además, Jaqueline Palmeros compartió que personal pericial informó que parte del material enviado para análisis correspondía a fragmentos de cerámica: Lo que pone en tela de juicio, entonces, el profesionalismo de las personas que trabajan en periciales (...) ¿Con quién estamos tratando? Qué tipo de periciales son los que tenemos, que estaban seguros primero de que se trataba de un resto óseo y al momento de procesar, ya en las instalaciones de periciales, dicen que no, que muchos de ellos eran de cerámica y cosas de esas que se estaban encontrando.
La buscadora fue directa: Se preguntó si se podía sustentar la teoría que ellos habían mantenido al principio de que eran restos prehispánicos y nos dijeron que no, que hasta el momento no pueden ellos afirmar esa teoría.
Añadió que la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) acompañó la reunión debido a una queja presentada por las familias por presuntas irregularidades cometidas desde el inicio de las búsquedas.
El contexto que rodeó el hallazgo
Los hallazgos de interés forense localizados en los humedales de Tláhuac coincidieron con un momento de confrontación internacional por la narrativa de las desapariciones en México. El 2 de abril, el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas (CED) consideró que el nivel de desapariciones en el país ha alcanzado niveles de crímenes de lesa humanidad y turnó al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, una resolución para someterla a la Asamblea General con el objetivo de que se valoren medidas destinadas a apoyar al Estado.
La respuesta del gobierno de Claudia Sheinbaum fue rechazar ese diagnóstico, postura a la que se sumó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), y que en la capital replicó la jefa de Gobierno el 6 de abril.
Pocos días después de que esa disputa se instaló en el plano político, en la alcaldía gobernada por la morenista Berenice Hernández, las familias buscadoras comenzaron a encontrar cientos de fragmentos óseos; además, denunciaron irregularidades en su procesamiento, falta de peritaje especializado y la difusión de una narrativa institucional que, sin estudios concluyentes, intentó clasificar parte de los hallazgos como vestigios prehispánicos.
La periferia de los desaparecidos
Lo que encontraron las buscadoras en Tláhuac no sólo marcó el mayor hallazgo de restos humanos en la CDMX durante la administración de Brugada; también expuso algo más amplio: la crisis de desapariciones en la capital no está contenida en un solo territorio, la periferia se ha convertido en un espacio reiterado de hallazgos y mientras el gobierno local rechaza junto con la federación los señalamientos internacionales sobre la gravedad del problema, las familias buscadoras siguen encontrando en campo lo que las instituciones no han querido reconocer en su dimensión completa.
Durante los últimos años, en la alcaldía Tlalpan, la zona del Ajusco se consolidó como el referente más visible en la incidencia de desapariciones y hallazgos en la capital mexicana.
El sitio concentró atención pública y parte de las búsquedas, pero lo que aparece ahora, a partir de Tláhuac y de otros hallazgos, es otra cosa: una geografía que se expande y que ya no puede leerse como focos aislados.
Yo siempre he mantenido la narrativa de que sí, el Ajusco es un foco rojo impresionante, pero que hacía falta caminar en estos lugares; todo lo que está alrededor de la Ciudad de México es un foco rojo, todos los límites, toda la periferia, la Magdalena Contreras, los Dinamos, Cerro de Guerrero, Cuajimalpa, la Marquesa, Tláhuac, Chalco, todo lo que nos rodea, Milpa Alta, Xochimilco, no se diga, dijo Jaqueline Palmeros en entrevista con Proceso en medio de las jornadas de búsqueda dentro de los humedales de Tláhuac.
Esa lectura también la compartió Gerardo Miguel Ramírez Rivera, quien busca a su hijo Ángel Gerardo Ramírez Chaufón, desaparecido el 29 de noviembre de 2019. Sus búsquedas se han concentrado principalmente en la alcaldía Gustavo A. Madero, donde ha participado en jornadas realizadas en la Sierra de Guadalupe, Cerro de Guerrero y Cola de Caballo, en los límites con el Estado de México.
El padre buscador recordó que las labores en esa zona comenzaron en 2020 y precisó que en 2025 se realizaron alrededor de cuatro semanas de trabajos: En una ocasión en alguna parte de la Sierra de Guadalupe fueron hallados más de mil 400 restos.
En el contexto de esa área, que colinda directamente con la zona conurbada, Ramírez Rivera advirtió que la búsqueda de personas desaparecidas en la Ciudad de México no puede limitarse a cerros, barrancas o cuerpos de agua: Claro, todas las búsquedas que se han hecho en Sierra de Guadalupe han sido dirigidas al cerro, a la búsqueda en campo, que es importante, pero la búsqueda urbana, esa búsqueda que nos puede llevar a predios que estén siendo utilizados para tener personas que están en desaparición, en camino hacia otro delito como la trata y el reclutamiento, no existe al momento.
Añadió: No hay por parte del Ministerio Público, por parte de Fiscalía, no hay sobre la mesa análisis, inteligencia o investigación que nos lleve a hacer una búsqueda urbana. No la tenemos, la hemos solicitado desde hace años, pero se postergó, no se hace y no tienen hasta ahorita elementos para identificar lugares, que los debe de haber donde hayan sido utilizados para tener personas con o sin vida.
Desde hace años las familias han denunciado una posibilidad no atendida: la existencia de enterramientos en domicilios privados, lo cual amplía el alcance del problema hacia zonas que, hasta ahora, no forman parte de operativos sistemáticos.
La demanda amplía el problema más allá de los humedales, cerros y barrancas donde se concentran las jornadas. Pero incluso los hallazgos ya recuperados permanecen sin identidad: en Tláhuac y Chalco, la Fiscalía todavía procesa los indicios y las familias deberán esperar, según el plazo informado por la propia institución, más de medio año para recibir resultados quizá más completos.
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