Denuncian discriminación del Colegio México; impide continuar a alumnos con discapacidad
Un par de hermanos de 10 y 12 años, quienes viven con una inusual enfermedad genética que provoca discapacidad motriz, fueron dados de baja y sin posibilidad de continuar estudiando, luego de años de ser alumnos con buen promedio escolar, tras la decisión unilateral del Colegio México, en Piedras Negras.
Ambos fueron diagnosticados con distonía asociada al gen VPS16 (DYT-VPS16) y, a pesar de que representa una afectación parcial en su movilidad física, esta no afecta su desarrollo intelectual. Incluso, han demostrado que pueden mantener promedios académicos destacables y hacer amigos en la escuela.

Larizza Pérez Sánchez denunció ante Noticieros Rancherita del Aire que el Colegio México cometió un acto discriminatorio, ya que su hija lleva nueve años como alumna del plantel, cuatro de estos con la enfermedad —cursó kínder y primaria—, mientras que su hijo lleva cuatro años ahí y dos desde que fue diagnosticado. Sin embargo, este año decidieron cerrarles las puertas permanentemente.
Explicó que personal del colegio la citó en julio para entregarle un aviso por escrito, donde se expone que ninguno de los dos será aceptado para continuar estudiando en ese plantel y, por si fuera poco, en un periodo inoportuno, ya que, debido a las vacaciones, no ha podido conseguir otra escuela para sus hijos.
“Ya no los va a aceptar en ningún ciclo y, aparte, este aviso me lo está dando de forma tardía, porque me lo entrega ahora en julio, a días de que ya no hubiera ninguna escuela con clases. O sea, al día de hoy mis hijos no tienen escuela, porque ellos los dieron de baja”, aseveró.
Explicó que el colegio estaba al tanto de las enfermedades de sus hijos, ya que no las habían desarrollado al momento de ingresar, sino años después de estar estudiando ahí. Además, siempre presentó los diagnósticos y la información pertinente para que maestros y directivos estuvieran al tanto.
Sin embargo, al inicio del ciclo escolar recién concluido, cuando su hija pasó a secundaria, comenzó el conflicto, ya que las aulas se encuentran en la parte alta y se requiere subir escaleras constantemente, algo que cambiaba la dinámica diaria.
Aceptó que llegó a acuerdos con el colegio para permitir la permanencia de su hija, pero percibió que eran unilaterales, ya que los compromisos recaían solamente en ella como madre y el plantel nunca hizo cambios significativos para facilitar la estancia de la menor.
“Yo me comprometía a apoyar para subir a mi hija y bajarla del salón por las escaleras, y ese convenio lo cumplí tal cual, pero ellos siempre argumentaban que no podían hacer modificaciones porque no había espacio, porque la SEP se los prohibía, y siempre lo que se hacía era por parte mía”, recalcó.
Larizza puntualizó que sus hijos son atendidos por diferentes doctores y terapeutas, especialistas fuera de la ciudad, quienes coincidían en recomendar que los menores hicieran su vida lo más normal posible y acudieran a una escuela regular, porque a nivel cognitivo no tienen complicaciones.
Lo difícil para ella fue informarles que ya no podían continuar estudiando en el colegio donde hicieron amistades durante años. A ambos les afectó emocionalmente recibir la noticia, ya que la escuela era su espacio seguro después de vivir entre medicamentos, terapias y doctores.
Destacó que sus compañeros eran excelentes con ellos en sus respectivos grupos, pues los trataban como iguales, sin distinción, y nunca se presentaron problemas de bullying o burlas por su condición. Para ellos, eran solamente sus amigos de toda la vida.
Larizza Pérez dijo que busca dejar un precedente para que otros estudiantes no pasen por lo mismo que sus hijos, por lo que acudió a solicitar asesoría ante la Secretaría de Educación (SEDU), la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Coahuila (CDHEC) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).
“El tema de ya no tenerlos es por motivos de seguridad, porque la escuela es muy grande, pero ya de manera personal me exponen que tener a mis hijos ahí les representa mucho trabajo y que, aparte, si yo decido volverlos a ingresar u obligarlos, pues en ese caso ya estoy consciente de que es una relación fracturada. Para mí, eso es una amenaza”, aseveró.
Dijo que la notificación de baja ni siquiera fue entregada por personal local del colegio, sino que acudió una licenciada desde la Ciudad de México, sin intervención de los maestros o directivos de la localidad.
La angustiada madre dijo que desconoce si la presunta discriminación es solamente contra sus hijos, pero asegura haber escuchado de otros casos similares donde los alumnos tienen alguna condición, como autismo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
“Yo estoy aquí para marcar un precedente y que, si en algún momento se puede hacer alguna modificación a la ley en cuanto a este tipo de casos, porque todo mundo nos habla de inclusión y siempre se pone dentro de un folleto, y se habla muy bonito, ¿verdad?, pero en la práctica es muy diferente”, sentenció.
Agregó que tiene años viviendo la falta de este tipo de inclusión, ya que siempre hay un “pero”, por lo que anhela que las escuelas también tengan mayor apertura para aceptar modificaciones de infraestructura que permitan a estos alumnos llevar una vida normal.
“Ahorita mi principal preocupación es que, a la fecha en que estamos, mis hijos no cuentan con ningún plantel porque no están inscritos. Por el tiempo en que ellos me entregaron el aviso, ya no podía buscar otro plantel. Entonces, estoy esperando que las escuelas reanuden actividades para ver cuáles sí me van a permitir inscribirlos y que puedan seguir estudiando de manera normal”, finalizó.
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